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Enseñar a leer y escribir es un desafío que trasciende ampliamente la alfabetización en sentido estricto, por lo que Lerner (2003, pp.25-26) nos dice que “Para concretar el propósito de formar a todos los alumnos como practicantes de la cultura escrita, es necesario reconceptualizar el objeto de enseñanza y construirlo tomando como referencia fundamental las prácticas sociales de lectura y escritura”. Es decir, lo necesario sería el hacer de la escuela una comunidad lectora, donde los alumnos se integren y relacionen los problemas que necesitan resolver con lo que se les presenta actualmente, donde leer y escribir sea vital para reorganizar el mundo, que los alumnos se apropien de ello y puedan incorporarse a la comunidad de la cultura escrita.